La movilidad urbana en América Latina se encuentra en un punto crítico, condicionado por dos factores que se entrelazan: el crecimiento acelerado de la urbanización y la priorización de infraestructura vial destinada principalmente al automóvil. Estos fenómenos, analizados en estudios recientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ofrecen pistas valiosas para comprender los desafíos actuales y las posibles soluciones.
Expansión urbana y caída de la densidad
Durante las últimas décadas, las ciudades latinoamericanas no solo han crecido en población, sino también en extensión territorial. Sin embargo, la expansión física ha superado al crecimiento poblacional, lo que ha reducido la densidad en muchas áreas urbanas. Ciudades como Ciudad de México, São Paulo o Montevideo han visto cómo sus periferias se extienden rápidamente, generando asentamientos informales y encareciendo la provisión de servicios de transporte. Aunque Bogotá representa una excepción con aumento de densidad, en general la región enfrenta dificultades para garantizar sistemas de transporte público eficientes y rentables en zonas cada vez más dispersas.
Infraestructura orientada al automóvil
El segundo aspecto clave es la manera en que se han distribuido las inversiones en infraestructura. Según datos del BID, más del 80% de la red vial en las ciudades de la región está destinada al automóvil, mientras que la infraestructura para peatones y ciclistas representa menos del 4%. En comparación, Europa destina cerca del 19% a modos sostenibles como la caminata y la bicicleta. Este desequilibrio se refleja en que pocas ciudades latinoamericanas superan los 10 kilómetros de ciclovía por millón de habitantes, frente a promedios de 77 kilómetros en Europa y 106 en Norteamérica.
Impacto en la movilidad
La combinación de expansión urbana sin suficiente densificación y la prioridad al vehículo privado genera consecuencias directas: mayor uso del automóvil, reducción de competitividad del transporte público y una movilidad poco sostenible. Además, el valor del suelo urbano destinado a vías para carros es altísimo, lo que plantea interrogantes sobre la equidad en el uso del espacio y la necesidad de repensar la planeación para incluir a todos los modos de transporte.
Conclusión
Los datos son claros: la urbanización acelerada y la orientación de la infraestructura al automóvil han configurado un modelo de movilidad que no favorece la sostenibilidad. Revertir esta tendencia requiere políticas integrales que fortalezcan el transporte público, amplíen las redes de ciclovías y garanticen espacios seguros para los peatones, equilibrando la balanza hacia una movilidad más justa y eficiente.
Fuentes
Banco Interamericano de Desarrollo – División de Transporte
Hechos estilizados de la movilidad urbana en América Latina y el Caribe (2022)